Inicio » Uncategorized » La inmortalidad de Gilgamesh

La inmortalidad de Gilgamesh


Gilgamesh es aquel personaje mitológico que nos recuerda desde la lejana Uruk del IV milenio antes de nuestra era que lo importante para ser recordado para siempre son las buenas obras, más que aspirar a una vida eterna sólo al alcance de los dioses.

Cada civilización tiene su héroe por antonomasia. Aquiles es el de los griegos, Eneas el de los romanos, Horus el de los egipcios y para los mesopotámicos ese gran héroe se llamaba Gilgamesh.

¿Rey real o héroe de leyenda?

Mucho se ha discutido sobre la verdadera existencia de Gilgamesh como personaje histórico. Tanto que aún se debate si el Gilgamesh que aparece en varias tablillas y en varias Listas reales sumerias  como un rey de Uruk verdadero es una anotación verídica o un añadido mitológico como tantos otros que aparecen en el listado. Es algo que tiene en vilo a historiadores y arqueólogos y que posiblemente no exista una respuesta lo suficientemente concluyente nunca.

Imagen

Escultura de Gilgamesh. Fuente: Wikipedia

En cualquier caso si realmente existió un Gilgamesh en el trono de Uruk muy probablemente poco tuvo con ver con el que nos ha llegado a través de su epopeya. El tiempo y la distancia tiende a magnificar las percepciones y seguramente los dos textos, el sumerio y el babilónico que se ha conservado de la epopeya sean muy posteriores a ese supuesto Gilgamesh real y por lo tanto su vida y su obra fuerobn envueltas en creencias ideológicas y mitológicas.

Los amigos fieles

No pretendo desglosar en este artículo toda la epopeya de Gilgamesh , que seguramente ya conocerá el lector, pero sí apuntaré una serie de ideas clave para entenderla mejor: la primera de ellas es la amistad ( y según muchos supuesta relación homosexual encubierta) entre Gilgamesh y Enkidu, el salvaje hombre de los campos que crean Enki y Nammu para tratar de apaciguar sus violentas tendencias sexuales. De una enemistad y un enfrentamiento inicial surge una amistad inseparable que la despechada Ishtar logrará separar sólo consiguiendo que los demás dioses se pongan de acuerdo para matar a Enkidu. Es la muerte de este tras una larga y dolorosa enfermedad la que hace a Gilgamesh “madurar” y dejar de ser el insolente aventurero asesino de guardianes divinos y profanador de lugares sagrados para convertirse en un peregrino filósofo que busca la inmortalidad por medio mundo y vuelve con las manos vacías y resignación, pero con un aprendizaje que le valdrá para el resto de su vida.

La clave de la inmortalidad

Aquí reside el meollo y la enseñanza principal de las aventuras del héroe mesopotámico. Tras la muerte de Enkidu, Gilgamesh emprende un viaje hasta el otro extremo del mundo en busca de Ut- napishtin (Ziusudra en el texto babilónico), único superviviente del Diluvio y lejano pariente suyo por lo tanto, para que le diga cómo conseguir la inmortalidad. Cuando consigue encontrarle, este le dice que el don de la inmortalidad es imposible de alcanzar por los humanos ya que su inmortalidad le fue otorgada por el gran dios Enlil como desagravio por la gran destrucción provocada por el Diluvio.

Sin embargo le dice que en el fondo de los mares existe una flor con la capacidad de rejuvenecer a quien se la coma. Tras una trabajosa búsqueda Gilgamesh consigue esa flor pero la pierde al dormirse y dejar que una serpiente se la devore.

Humillado de esta forma Gilgamesh vuelve a Uruk y en el último momento de su viaje, al contemplar las murallas de su amada ciudad parece darse cuenta de que su única forma de alcanzar la inmortalidad es gobernando con justicia y haciendo grandes obras que fueran recordadas por sus súbditos.

Y esa parece la moraleja de esta historia. La labor del hombre es conseguir la inmortalidad a través de los buenos recuerdos que produzca con su comportamiento y sus obras. Conmovido por esa bella enseñanza escrita hace miles de años y que parece olvidada en los tiempos que corren no puedo por menos que dejar aquí los últimos párrafos de este bello poema mesopotámico:

«¿[Para] quién, Urshanabi, mis manos trabajaron? ¿Por quién se gasta la
sangre de mi corazón? No obtuve una merced para mí. ¡Para el león de tierra logré una merced! ¡Y la marea la llevará a veinte leguas de distancia! Cuando abrí la cañería y [… ] el año, Hallé lo que se había puesto como señal para mí:
¡Me retiraré, Y dejaré la barca en la orilla!» Después de veinte leguas
comieron un bocado, Después de treinta leguas (más) se prepararon para la noche. Cuando llegaron a la amurallada Uruk,
Gilgamesh dijo a él, a Urshanabi, el barquero:
“Anda, Urshanabi, ve a las almenas de Uruk. Inspecciona la terraza, examina sus ladrillos, ¡Si su obra no es de ladrillo quemado, Y si los Siete Sabios no echaron sus cimientos sobre ella! Un `sar’ es ciudad, un `sar’ huertos, Un `sar’ tierra marginal; (además) el recinto del Templo de Ishtar. Tres `sar’ y el recinto sagrado, eso es mi Uruk”.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Sigue a @jmpeque

A %d blogueros les gusta esto: