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Los guanches, sus momias y sus enigmas


Quizás el pueblo más peculiar y atrayente de todos los que poblaron el territorio de España sea el guanche, una cultura espectacular y poco conocida de las Islas Canarias.

Antes de la conquista castellana vivía en el archipiélago canario un curioso pueblo cuyos miembros eran de piel clara, ojos azules y una estatura mayor que la habitual.

ImagenEstatua de Tinerfe el Grande. Adeje, Tenerife, España. Imagen: Wikipedia

 

Un pueblo cuya procedencia aún no está bien definida. Muchos investigadores creen que, debido a las innegables similitudes culturales y artísticas, su origen debió encontrarse entre los bereberes del norte de África, los bereberes antiguos que llenaron de pinturas rupestres lo que eran las sabanas y valles fluviales del Sáhara hace milenios y cuya muestra más espectacular es el tantas veces citado por mí, lo que yo llamo “La madre del cordero arqueológico” y sobre el que algún día tengo que escribir el reportaje completo y documentado que se merece Tassili N´Ajjer del sur de Argelia.

Hay un hecho muy importante dentro de la cultura guanche, y en caso de demostrarse algún día su origen bereber, sería quizás esclarecedor: el hecho de que momificaban a los miembros, se supone, de su clase dirigente en cuevas, como la del Barranco de Huerques, en Tenerife, aunque hay otros ejemplos.

Si se demostrara, insisto, la influencia bereber en el nacimiento del pueblo guanche, deberíamos preguntarnos si esa costumbre de momificar a los muertos ya existía en el norte de África mucho antes de que Egipto fuera ni siquiera una idea, y que fuera tan antigua y tan practicada entre pueblos precedentes que los egipcios, para explicarse su origen, tuvieran que echar mano de la mitología de la mano del mito de Isis y su esposo Osiris. 

Si la respuesta es afirmativa, quizás es que el Egipto faraónico no era tan innovador como muchos creen, y sólo es una evolución, más o menos lógica y con el favor del tiempo que nos ha permitido contemplar los restos de una parte, y sólo una parte, de sus maravillas, de cientos, quizás algo más que cientos, de tradiciones milenarias que iban supliéndose unas a otras por todo el norte del continente, mientras las condiciones climáticas y del terreno así lo permitieron, hasta llegar a constituirse en una civilización que sólo tenía rival en Mesopotamia.

Por todo ello el enigma guanche es tan profundo que trasciende sus fronteras, y su futura resolución podría responder a muchas de las preguntas que el humano curioso y observador se ha hecho hasta ahora.

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1 comentario

  1. Es el caso, sin embargo, pese a esta claridad cronológica tardía del poblamiento canario, que para algunos resulta inconcebible que una cultura de rasgos arcaicos tan pronunciados, que da incluso la impresión en ciertos momentos de quedar encasillada en el horizonte neolítico, pudiera conservarse en el norte de África hasta una época que cae de lleno en el periodo histórico. El anacronismo, sin embargo, es sólo aparente. Como justificante de esta especial situación tenemos en primer lugar el hecho, plenamente comprobado y resaltado por todos los berberólogos sin excepción, del especial carácter tradicionalista y conservador de este pueblo norteafricano que los inducía a oponerse tenazmente a toda injerencia foránea en sus instituciones sociales y hábitos en general, conducta que logró mantenerlos hasta tan avanzados siglos en ese acusado estado de atraso, particularmente en el orden material, circunstancias estas que concurrían, muy especialmente por cierto, en aquellas tribus más alejadas del radio de influencia culturizante de las naciones que ocuparon sus territorios, tal como parece haber ocurrido en el caso que nos ocupa. Así pues, el correspondiente atraso material de sus descendientes los guanches ha de achacarse primordialmente a esta idiosincrasia conservadora de sus progenitores bereberes, agravada luego la situación por la carencia en el archipiélago de materia prima adecuada con que confeccionar sus útiles, tal como metales y fibras vegetales apropiadas, materiales que con toda probabilidad ya conocerían en el continente.

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