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Mi experiencia con la arqueología experimental


Sin duda una de  las formas más eficaces que tendrá la arqueología moderna de llegar al público es a través de la arqueología experimental, una corriente práctica que venía necesitando esta disciplina desde hacía mucho tiempo.

La tecnología lítica, aquella que para muchos parece un simple juego de niños, necesitó sin embargo de unos conocimientos y una evolución  que abarca desde el rudo trabajo de sacar lascas de la piedra para extraer la carne de los animales hasta convertir esas lascas en instrumentos para muy útiles como los buriles y puntas de flecha, y ya en el Neolítico, en herramientas de cultivo y domesticación.

Bifaz

Bifaz

Ayer en el Instituto Cervantes, con la colaboración de la Fundación Atapuerca, tuve la oportunidad de conocer, gracias  a la impresionante lección práctica de Marcos Terradillos, doctor en Humanidades por la Universidad de Burgos y premio extraordinario en esta disciplina en 2011, como se fabricaban las distintas herramientas de piedra, desde las citadas ascas hasta los aperos de labranza pasando por la industria bifacial del periodo Acheliense que para el citado doctor quizás fueran uno de los primeros intentos del ser humano por buscar lo bello.

Asímismo, enseñó cuales eran las herramientas (tipo de piedra, percutores, métodos) que se empleaban para conseguir cada uno de estos instrumentos, desde la dura piedra granítica y la blanda roca calcárea hasta la obsidiana y el asta de ciervo.

El fuego como el motivador del inicio de la cultura

Para Terradillos, y también para Eduald Carbonell, el descubrimiento del fuego y su domesticación supuso un auténtico avance para la especie humana no sólo por el hecho de que la emplearía para calentarse y defenderse de los predadores, sino porque en torno a él se reunirían las familias y los clanes, se comunicarían entre ellos de forma íntima, y probablemente los miembros más mayores contarían a los jóvenes sus vivencias, siendo este el punto de partida de la cultura entendida como tradición oral.

En el taller se mostraron las distintas técnicas para conseguir hacer fuego que se empleaban en la prehistoria, promoviendo la participación de los asistentes a intentarlo con un éxito rotundo.

Así pues, como conclusión, tengo que decir que la experiencia con esta nueva vertiente de la arqueología me ha parecido tremendamente útil para el conocimiento y divulgación del conocimiento y del trabajo arqueológico y hago votos para que ejemplos como el de ayer cundan y sean cada vez más frecuentes.

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