Inicio » Uncategorized » El final de Troya y de las culturas del Bronce en Grecia y Asia Menor

El final de Troya y de las culturas del Bronce en Grecia y Asia Menor


Hacia el final de la Edad del Bronce, 1200 antes de nuestra era, Grecia y Asia Menor eran un polvorin que acabaría en la mayor transformación geopolítica que conocería el mundo antiguo.

Cuando en la antigüedad ocurría un hecho político, social o natural que cambiaba todo aquello que los hombres de esa época conocían, ese hecho acababa convertido en una leyenda que con el paso del tiempo se incrementaba hasta cotas mitológicas, y en el que se hacía intervenir a personajes legendarios y a dioses que hacía inclinar la balanza hacia uno de los bandos en un conflicto o que resolvían la angustiosa situación que un fenómeno natural había provocado.

La guerra de Troya si es que alguna vez como tal existió, es uno de aquellos acontecimientos históricos que marcó profundamente el carácter geopolítico de la Grecia arcaica y de Asia Menor en el siglo XII antes de nuestra era.

Murallas de Troya

Murallas de Troya

Pero sin embargo, uno de los inconvenientes a la hora de asumir la realidad del relato de Homero es que la situación política de la región era tan convulsa que cualquier pueblo hostil pudo provocar el supuesto saqueo e incendio que documentó Schliemann en el siglo XIX en el nivel TroyaVII de la ciudad que descubrió en el promontorio de Hissarlik, y eso aceptando que aquello que descubrió era la auténtica Troya, ya que también existe cierta polémica sobre el caso.

Una época movida con un final apocalíptico

En el siglo XII antes de nuestra era la península de Anatolia era un territorio dividido y disputado.

La antigua Anatolia

La antigua Anatolia

En la zona costera del norte desde el estrecho de Dardanelos hasta la bahía de Lesbos habitaban diversos pueblos, de procedencia confusa y origen incierto. Algunos investigadores los llaman pueblos frigios o dárdanos, aunque ciertas fuentes los engloban lingüísticamente dentro de la familia luvia, pueblo antiquísimo procedente de las montañas del interior de Anatolia del que también descendían sus peores enemigos, los hititas.

El imperio hitita, con capital en Hattusa o Hatti, era una potencia militar enorme que rivalizaba con Egipto en Siria y en el oeste con una incipiente fuerza que acabaría devorando a todos: Asiria. Los hititas se expandían por toda Anatolia y siempre acechaban las ciudades costeras en busca de nuevas vías de comercio.

El imperio hitita

El imperio hitita

Asiria comenzaba en este tiempo a dar señales de su poderío, y había arrebatado a los hititas las minas de cobre de las montañas de la actual Armenia. Sin embargo su interés estratégico aún no había pasado de afianzar sus territorios y hacer de Assur una ciudad fuerte y segura.

Al norte del imperio hitita extraños reinos de los que apenas se recuerda su nombre y hasta el momento de escasa incidencia histórica: los gasqueos y el país de Azzi. De estos últimos se dice que era un pueblo de mujeres guerreras del cual deriva el mito de las amazonas.

En donde se encontraba  la ciudad de Éfeso, y en una franja del interior, se hallaba otro pueblo, el arzawo, que en menos de un siglo había disputado y arrebatado ciertos territorios a los hititas, y que de la mano del legendario caudillo Maduwatas habían establecido un cierto “reino del terror” aún no muy bien documentado y contrastado.

Todos estos territorios y pueblos, excepto los asirios y los babilonios, tan al sur y al interior que nada les afectaba lo que ocurría en las costas del Egeo sucumbirían en un plazo realmente corto de tiempo destruidos hasta las cenizas por una enorme invasión que estuvo a punto de cambiar si es que de facto no lo hizo, toda la historia de Próximo Oriente.

Esta enorme invasión fue llamada por los egipcios de Ramsés III como la invasión de los “peleset” o “pueblos del mar” cuando a duras penas los lograron rechazar en una cruenta batalla naval en el delta del Nilo.

Mucho se ha escrito y discutido acerca de los peleset, pero aún no está clara su procedencia ni por qué se decidieron de forma individual o colectiva, a invadir tantos territorios a la vez y a transformar de aquella manera un mundo que existía desde hacia miles de años.

Egeo de antiguos reinos y confusas amistades

Al igual que Anatolia, Grecia y las islas egeas y jónicas eran un panorama muy confuso en aquella época. Desde que siglos atrás la explosión de Thera – Santorini acabara súbitamente con la civilización cretense, sólo una ciudad parecía haber recobrado una cierta importancia política: Micenas.

Micenas era una ciudad rica e imponente para la época, con una gran influencia sobre gran parte del Peloponeso y el istmo de Corinto, pero sin embargo es premeditado suponer que pudiera movilizar a todos los heterodoxos y variopintos pueblos de la península helénica en contra de tantos y tan poderosos enemigos.

Schliemann en la Puerta de los Leones de Micenas

Schliemann en la Puerta de los Leones de Micenas

De hecho, para los historiadores, Micenas fue una victima más de aquella invasión colosal. En su caso quienes parecen reeemplazarlos son los dorios, que habitaban al norte, aunque existe cierto lapso de tiempo entre la destrucción de Micenas y la llegada de los dorios.

Guerra en Chipre

Muchos historiadores insisten que el principio del fin para todos estos pueblos se produjo en Chipre, una isla rica en cobre, un metal que era básico en aquella época para todos ellos y fundamental para los hititas para la fabricación de hierro, el metal sorprendente que daba a sus guerreros una ventaja fundamental en la batalla cuerpo a cuerpo.

Como se ha dicho, los hititas habían perdido gran parte de las minas de extracción de este metal a manos de los asirios, y por ello invadir esta isla se convirtió en un objetivo estratégico primordial y clave.

Sin embargo,  la orografía de Chipre, rocosa y escarpada, no permitía que los hititas hicieran su clásica guerra de invasión y desolación apoyados por los carros de guerra, así que el conflicto se dilató y acabó transformándose en una pesadilla para ellos.

Aprovechándose de esa debilidad, todos los demás pueblos vieron la oportunidad para sacudirse del yugo de sus opresores, y en las costas frigias (donde se encontraba Troya), en Arzawa, en Gasca, en Azzi, y en todos los lugares donde los hititas habían hecho uso de su fuerza bruta se oyó el grito de libertad y todos se movilizaron contra un enemigo común. Quizás ese grito fuera escuchado en Micenas y fuera entendido como una  oportunidad para sacar tajada territorial y sobre todo comercial de ello.

Una ciudad sobre el estrecho

Troya, llamada al parecer Wilusa por los nativos e Ilión por los micénicos, era una de las principales ciudades frigias. Su emplazamiento, justo al principio del estrecho de los Dardanelos, sobre un promontorio, le daban una posición fundamental en el comercio entre el Egeo y el Mar Negro y Trebisonda. No cabe duda que mucha de su importancia y el por qué de su auge debió deberse a los abusivos tributos que exigía a los demás  pueblos para comerciar en esta importante ruta.

Troya era un bocado apetitoso y por eso debió disponer de un imponente baluarte defensivo. Quizás no fueran tan legendarias sus inexpugnables murallas ni el carácter rocoso y resistente de sus pobladores. Tampoco debió serlo  sus buenas relaciones con los demás pueblos frigios y que estos acudieran en su defensa cuando los micénicos atacaron si es que fueron ellos quienes lo hicieron. Lo que está claro es que si no fueron ellos debió ser un “pueblo del mar” de origen heleno quien lo hiciera, porque de otro modo no se entendería su unión con la tradición helénica, su vinculación histórica o que Homero se esforzara tanto en dotar de tanta percepción mítica y épica a su relato.

En definitva Troya acabaría sucumbiendo, y con ella, toda la nación frigia. No sabemos cuanto duró aquella guerra, diez años según Homero, pero curiosamente trasladado a la época, unos diez años fue lo que tardó en sucumbir Hattusa, no Troya, sino la mismísma capital del imperio hitita al empuje de sus enemigos y de “los pueblos del mar” que había atacado su retaguardia y se habían enseñoreado de todo el territorio. Por lo tanto quizás fuera un error de Homero o tal vez no. Que quería contar una cosa y acabó contando otra.

Lo que sí fue cierto es que todo colapsó y tardó en comenzar de nuevo. Muchos años oscuros tendrían que pasar hasta que la situación se restableciera. Y lo que vino después nada tendría que ver con lo que los antiguos pobladores de Grecia y Asia Menor habían conocido hasta entonces.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Sigue a @jmpeque

A %d blogueros les gusta esto: