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Ciencia y magufología


En estos tiempos convulsos y confusos que vivimos, se corre el riesgo de creer que nada es como pensábamos y que a partir de ahora todo vale.

Es cierto que los políticos raramente dicen la verdad. También es cierto que existen cosas en este mundo cuya realidad se nos oculta y se nos tapa  mediante explicaciones más o menos verosímiles para todo aquel que no está muy informado en el hecho en cuestión.

Pero de ahí a creer que todo lo que se nos ha enseñado es falso y que la realidad consiste en creer que somos producto de una  manipulación genética realizada por extraterrestres, que  estos nos visitan y nos manipulan y engañan para evitar que veamos una verdad que sólo algunos iluminados conocen y que explotan comercialmente hay unas diferencias bastante acusadas… que por desgracia muchos atraviesan alegremente pisoteando en la mayoría de ocasiones el sentido común.

Reinventando absurdamente la Historia

Hace no mucho tiempo tuve la oportunidad de ver un supuesto documental en Youtube en el cual, en la línea del mejor Sitchin, se manipulaba de manera demencial y yo diría que delictiva (si acaso tantos insultos a la  inteligencia juntos pueden considerarse delitos) toda la prehistoria y la cosmología y mitología mesopotámica, obviando, claro está y como siempre se suele hacer en estos casos, cualquier tipo de referencia a ningún texto realizado por ningún historiador, ni arqueólogo ni nada que se le parezca mínimamente.

Siempre adornados de frases tales como “la auténtica verdad es…”, o “Lo que la ciencia nunca ha dicho es…” fueron desfilando ante  mis ojos templos reconvertidos en bases aeroespaciales, zigurats convertidos en torres de control alienígenas, y ciudades portuarias fluviales transformadas en rutas de transporte espacial mientras yo lamentaba cómo era posible tanta demencia, tanta manipulación sin prueba alguna y como es posible que existieran personas capaces de tragarse semejante ladrillo. La única explicación que se me ocurre, aunque tampoco sea muy lógica, es que en épocas de gran confusión como esta, hay gente dispuesta a creer cualquier cosa. Más si nada sabe por otros medios de aquello que se le está mostrando.

Todo por la  pasta

Ahí entran los expertos, los profesionales de la ocasión, los gurús, aquellos que conocen los puntos flacos, la falta de conexión entre la información científica y su divulgación con el público de a pie, y la lenta capacidad de adaptación y de aprovechamiento de los nuevos medios  que acusan para ocupar un espacio al que mucha gente, inocentemente, acude y que consume y que por desgracia acaba creyendo, llenando los bolsillos de aquellos que han puesto la red en un mar lleno de peces al que nadie había prestado atención antes.

Ahora ese mar está lleno de barcos pesqueros cada cual con una red más llamativa y un cebo más atractivo, por muy alejado que esté de cualquier cosa que se parezca a la realidad. 

Y no dejan de aparecer personas o grupos que al grito de “Todo por la pasta” o por otros intereses quizás más dañinos para la  pobre gente que cae en sus redes cuelgan sus ocurrencias y sus versiones interesadas de la Historia a la espera de engañar a cuanta más gente mejor.

Renovarse o sufrir

Por  todo ello, ¿Cuál es la labor que nos toca como divulgadores e informadores de los hechos arqueológicos e históricos comprobados?

Sencillo y a la vez difícil: usar sus mismas armas. Si nos renovasemos utilizando de una vez Internet para, sin entrar en el campo de la confrontación, que no nos interesa, y además es absurdo, saber divulgar desde un lenguaje comprensible para mucha gente, en páginas bien posicionadas (con marketing y herramientas  que permitan una visualización rápida), usando reclamos, títulares interesantes… existen muchas maneras.

Quizás no sea tan fácil como podía haberlo sido hace diez o quince años, pero sin embargo como dice el dicho “Nunca es tarde si la dicha es buena” y ya hay equipos y asociaciones que lo están haciendo, por ejemplo el INAH mexicano, o National Geographic, y sus resultados no son decepcionantes en absoluto.

Es cierto que estoy hablando de instituciones millonarias y con muchas posibilidades… pero también lo es que no es tan complicado ni tan costoso crearse una página en Internet y pelear por un hueco de visibilidad y rentabilidad mientras tratamos de hacer una divulgación completa que sacie las necesidades de información de nuestro público, y le aleje de caer en otro tipo de redes que llevan años sacando provecho de nuestro silencio y de nuestra ausencia.

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1 comentario

  1. Pareidolico dice:

    Por suerte cada vez hay más sitios dedicados a divulgar buena ciencia, pero en algunos temas, en las búsquedas, aún ganan por goleada los resultados “magufos” a cualquier blog escéptico. Aún así es agradable encontrarse algún post crítico como este de vez en cuando.

    Un saludo.

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