Inicio » Uncategorized » La reina de la mala suerte (y II)

La reina de la mala suerte (y II)


José Manuel Peque Martínez

La reina de la mala suerte/Cleopatra (Cont. y final)

Después de una infancia y una adolescencia realmente tristes, tras la  llegada de Julio César a Egipto parecía que la vida de la joven reina ptolemaica cambiaría para bien. No hay datos lo suficientemente claros para afirmar que el amor y el cariño que Julio César le ofrecía no fuera sincero, ni de que realmente no deseara tiodo el bien posible para ella. Tal es así que hasta la llevó a Roma para que conociera la Urbe, aunque también es cierto que lo hizo en clave política como una muestra más de sus conquistas.

Poco se imaginaba Cleopatra que  aquella visita marcaría el principio del final de su efímera estrella.

La  reina de las bestias

Para la mentalidad grecolatina Egipto era un país extraño,lleno de matices y en el cual, como escribiría Heródoto en su Historia “todo parece funcionar al revés”.  Egipto era un país culturalmente excepcional, y nada que tuviese que ver con un país catalogado como “bárbaro”, pero muchas de sus creencias, sus innumerables dioses zoomorfos, y su curioso apego hacia el pasado, resultaba del todo chocante e inadmisible para la mentalidad de los habitantes de las culturas clásicas.

Por ello, la llegada de Cleopatra, en el fondo otra grecolatina más (ya que era descendiente de los Ptolomeos) , con su porte y sus ropajes de estilo egipcio causaron mucha más repulsión que afecto. Octavio,el futuro Augusto, sabría  aprovechar muy bien esto en su favor para cuando su tio muriera asesinado y Marco Antonio huyera a Egipto fatalmente enamorado de ella, pero en textos de la época  no es raro encontrar referencias  a “la reina de las bestias”, epíteto peyorativo destinado a Cleopatra.

Además, Cleopatra cometió otro error fatal, y es que no disimulo nada su estado de embarazo ni su pretensión de que su hijo fuera el sucesor de Julio César y se convirtiera en rey de Roma.

Esas palabras, “sucesión”, “rey”, que para ella eran normales  y formaban parte de su día a día, a los romanos les traían amargos recuerdos de su pasado y una aversión mortal hacia aquel o aquella que las pronunciase.

Y así fue como Cleopatra se granjeó para siempre el eterno odio del pueblo de Roma. Lo que le llevó a su trágico fracaso y no menos trágico destino.

El Uadyet mortal

La mayoría de la gente conoce lo que ocurrió después. Muerto Julio César, el territorio de la República Romana se dividió en un triunvirato: Lépido en África, Octavio en Roma y provincias occidentales y Marco Antonio en Asia.

Lépido fue rápidamente quitado de en medio y puesto a Octavio a gobernar también en África. Al futuro primer emperador de Roma sólo le quedaba el frágil y desvanecido estado ptolemaico y las posesiones encargadas a Marco Antonio para conseguir ser el señor absoluto del Mediterráneo en casi todas sus orillas.

Marco Antonio no era un general capaz, sólo el amor y el dinero de Cleopatra le mantenían a flote y le rescataron cientos de veces, cuando preso de la más  humillante ebriedad estuvo a punto de ser pasado a cuchillo por los partos y de perder todos los territorios cuya custodia le había sido encargada.

Por  lo tanto no es de extrañar que en la  guerra abierta contra el astuto Octavio y el también bastante astuto Agripa  el bando de Antonio y Cleopatra fuera de derrota en derrota,primero en Asia, luego en Actium, y por último en la propia Alejandria, a la que Octavio llegó quizás dispuesto a ser permisivo con Cleopatra, pero a la que encontró en su lecho de muerte tras recibir la picadura de una cobra áspid egipcia, según la mayoría de las versiones. Hay quien asegura en sus escritos que Octavio sintió verdadera  lástima por Marco Antonio y por ella, y que consintió en que fueran correctamente embalsamados y sepultados al modo egipcio. Pero al mismo tiempo fue especialmente cruel con Cesarión, cuyo parecido con su padre Julio César era un verdadero problema para él. Y por ello no consintió que ningún soldado, y menos su verdugo, le mirara a la cara y reconociera sus facciones.

Volviendo al suicidio de Cleopatra, resulta irónico que fuera una cobra quien la diese muerte, ya que durante milenios este reptil había simbolizado, como imagen de la Uadyet, la protección divina de la monarquía egipcia.

Pero esto no es más que otro triste telonazo final para la  vida de la reina de la mala suerte, Cleopatra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Sigue a @jmpeque

A %d blogueros les gusta esto: