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Mi articulario. Horizonte de Keops. Grande es Kefrén. Divino es Micerino.


José Manuel Peque Martínez

Horizonte de Keops. Grande es Kefrén. Divino es Micerino

Gizah. Gizah la estereotipada, Gizah la simbólica, Gizah la inmortal, la faraónica, la que resume casi cuatro mil años de historia.

Gizah la extraordinaria y también Gizah la inventada. Algo más que una necrópolis, algo más que un lugar donde se enterraban reyes y donde se realizaban cultos a los ancestros. Un lugar que siempre será mágico aunque nunca nos acabe de estar claros los auténticos motivos por los cuales este lugar es y será uno de los sitios arqueológicos más importantes del mundo.

Ciudad nueva, necrópolis vieja

Quizás una de las cosas que más maraville de Gizah no es la suma importancia de los monumentos que alberga, sino el contraste entre la antigüedad milenaria de estos y la modernidad de la ciudad que se encuentra en sus proximidades: El Cairo.

Este contraste no es más que uno de los secretos de la gloria eterna del Egipto faraónico, y está presente también en la propia Gizah, ya que junto a las pirámides, enormes y espléndidos recintos funerarios para tres faraones de la IV dinastía, se encuentran otras pirámides más modestas realizadas para princesas y nobles de la época, por no hablar de la necrópolis de los obreros (no esclavos, como ya demostró hace años Zahi Hawass), en tumbas y nichos modestos en proporción.

El contraste entre unos monumentos y otros, dentro de  esta auténtica ciudad como fue Gizah, nunca lugar apartado y mucho menos desconocido por los egipcios, sólo nos recuerda la importancia de la distinción social de una civilización que vivía tan pendiente  del mundo terrenal como de una correcta comunión con los dioses a través de su máximo dirigente, cuyas funciones muchas  veces sobrepasaba lo humano y por ello merecía trato de favor y una devoción divina.

No sólo de tumbas vive el egipcio

Es cierto que la Historia y la arqueología han fundamentado, durante buena parte de su desarrollo, el tratamiento de la  civilización egipcia en base a los restos más abundantemente encontrados en los sitios arqueológicos, que eventualmente eran monumentos funerarios, religiosos y políticos, y objetos relacionados con alguno de estos tres campos.

Esto hacía pensar que la  civilización del valle del Nilo era una sociedad fuertemente jerarquizada y obsesionada con el tema de la muerte y la vida de ultratumba, y que había personificado en la  vida y pasión de su dios Osiris todas estas inquietudes.

Sin embargo hallazgos más modernos han permitido conocer otros ámbitos de la sociedad egipcia que permiten analizarla más desde el punto de vista de una sociedad agraria y con una capacidad de adaptación asombrosa, y con unos conocimientos en ciertos campos realmente modernos, mientras que otros permanecían anquilosados en el pasado y la tradición. Uno de ellos , por ejemplo, es la tardía  llegada de la industria del hierro a Egipto, por lo que las herramientas realizadas con cobre o bronce se emplearon en Egipto en etapas en las que la casi totalidad del resto del mundo ya conocía y manejaba ampliamente el hierro.

Sí, realmente la civilización egipcia respetaba enormemente la tradición, y la registraba en los templos y santuarios de forma minuciosa como si realmente recordar los hechos del pasado y vivir de forma acorde con ellos fuera una cuestión de vital importancia, casi se diría como si fuera un asunto del cual dependiera la propia supervivencia.

La vida al borde del Caos

Y realmente para ellos lo era. Una sociedad no tan obsesiva como tradicionalmente se ha creido, pero ciertamente tradicional y ligada a sus mitos vivieron durante casi toda su existencia de un modo prácticamente idéntico (a grandes  rasgos, claro) debido a que era  el modo de vida impuesto por los dioses, para que Egipto, la Tierra Negra (Kemet) como ellos la llamaban, continuara siendo fértil y habitable, pues podría  suceder que un cambio de hábitos en las costumbres disgustara a los dioses, como había ocurrido, según sus mitos, en diversas ocasiones en el pasado, y acarrearan desgracias y hecatombes para la población.

Por ello, la población en Egipto, pese a la cantidad innumerable de vicisitudes históricas que se produjeron, continuó aparentemente viviendo del mismo modo durante los cuatro mil años de  su existencia. Pero esto no quiere decir que fuera necesariamente así, sino que es lo que nos han dejado recogidos los textos.

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