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Mi articulario. ¿Cómo pudieron?,tercera parte


José Manuel Peque Martínez

¿Cómo pudieron? La aventura constructora de la Humanidad, tercera parte

El tiempo es el factor más inclemente, tanto para lo bueno como para lo malo. El tiempo aporta experiencia que, como dice el viejo refrán castellano, es la madre de la ciencia y en el caso que nos ocupa es el que hizo a la especie humana adquirir cada vez más un manejo más amplio del único material duro y consistente que podían manejar en ese momento: la piedra

Una división temporal no hecha por casualidad

Como ya he apuntado, las divisiones cronológicas no están hechas únicamente para diferenciar extensos y monótonos periodos temporales, y lo mismo puede decirse de  las subdivisiones.

Es un error tan fatal considerar que el habitante de la garganta de Olduvai de principios del Paleolítico y el de Çatal Höyuk a finales de este periodo vivían del mismo modo como creer que un habitante de la Amazonia tiene la misma esperanza de vida que el de una sociedad europea occidental. Son formas de entender la  vida, y a todos los niveles, que intentar buscar puntos en común sería como intentar juntar el agua con el aceite.

El homínido prehistórico de Olduvai aún era apenas  una especie más dentro del ecosistema, con todo lo que eso conlleva, mientras  que el habitante de Çatal Höyuk ya estaba dominando su entorno, y tenía ante sí un horizonte despejado en el cual caerían las últimas barreras que le separaban del control absoluto del territorio.

Nada que ver una época con la otra, y estamos hablando aún del Paleolítico, y estamos  aún dentro de la Prehistoria. En la vulgarmente llamada Edad de la Piedra. Pero, como veremos enseguida, también hay que diferenciar piedras de piedras.

Algo más que frotar y pulir

La tecnología usada por el hombre en sus primeros estadios, la industria lítica, tampoco permaneció inmóvil. De hecho lo que realmente marca el paso de un subperiodo dentro del Paleolítico a otro es precisamente su evolución.

La talla de la piedra pasó de ser realizada sólo en piezas de pequeñas dimensiones para realizar lascas y puntas de flecha y de lanzas a evolucionar hasta la elaboración de utensilios, herramientas y, al final del periodo, una tosca estatuaria. Todo ello construido con la paciencia del buen orfebre, y con el guión prefijado por el padre tiempo.

La mejora de las condiciones de vida provocada por la evolución artesanal y la adaptación progresiva al entorno hizo que  la Humanidad cada vez se sintiera más segura y fuera progresando cada vez más en su tecnología hasta que las primeras herramientas, las primeras azadas y las primeras  hoces de piedra comenzaran  a ser utilizadas para excavar sobre las colinas y provocar el descubrimiento de un elemento más duro y resistente que la piedra: el cobre.

Pero eso ya se produjo en una época histórica completamente diferente, de  hecho se produjo en el Neolítico, un mundo completamente diferente del que estamos analizando en estos primeros posts. Pero sin la evolución de la industria lítica del Paleolítico quizás no hubiera habido nunca una Edad de los Metales.

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