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Mi articulario. Una genial casualidad


José Manuel Peque Martínez

El fuego. Una genial Casualidad

Resulta obvio decir que para el hombre de los  primeros estadios históricos el mundo era oscuro, peligroso y frío. El ser  humano, que en estas épocas aún no se distinguía plenamente del resto de criaturas de este planeta (estamos hablando de muchos  miles de años atrás) sólo encontraba en las cavernas un refugio semi – seguro a tanta hostilidad como encontraba en el medio en el que vivía. Y muchas veces ni siquiera lo encontraba allí, pues en esos tiempos existían poderosos carnívoros como el oso o el león cavernario, o la  hiena antigua Percrocuta que eran un enemigo imponente y difícil de batir.

El panorama por lo tanto parecía complicado para nuestros ancestros.  Sin embargo en estas situaciones siempre ha ocurrido, en la  evolución de nuestra especie, hechos casuales que pudieran no serlo tanto como se piensa que revolucionaron la situación otorgando a la Humanidad una ventaja que favorecería posteriormente la llegada de otros avances.

Peligroso, pero fascinante y útil

Desde siempre el hombre ha sentido una cierta admiración por el fuego. Este elemento ígneo se consideró una muestra del furor de los dioses destructores, y fue temido y respetado a partes iguales.

El fuego es una fuerza natural nada despreciable, y su domesticación resultó un paso fundamental para los  humanos ya que gracias a ello consiguieron dotar sus primitivas estancias de una mayor confortabilidad. También ayudaba a situarse de forma permanente en determinados lugares: allí donde fuera más fácil el producir y mantener el fuego.

Con el tiempo, obviamente, los seres humanos se darían cuenta de que el fuego además permitía una mejor preparación de los alimentos. Amén de otras ventajas innumerables, entre las que se encuentra el poder amedrentar a las fieras que siempre suponían una amenaza para él y para su tribu.

Por lo tanto, no es de extrañar que el descubrimiento y domesticación del fuego fuera considerado, pasados los siglos, como un don de los dioses.

En cualquier  caso este logro consiguió que por primera vez en su historia la Humanidad no se sintiera  tan desamparada y desprotegida ante su entorno y las bestias que con él convivían.

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