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Conservación, afición o expolio


José Manuel Peque Martínez

Tres palabras básicas para entender desde el punto de vista social lo que es la arqueología.

Esta disciplina generalmente poco o nada tiene que ver con lo que usualmente hemos visto en películas como las de las sagas de Indiana Jones, Tomb Raider, La Momia o Jack Hunter. De hecho estas películas dan una imagen distorsionada y negativa de lo que realmente es la arqueología.

Es así porque la imagen de aventurero, por muy comercial que resulte y muy atractiva para la vista que pueda parecer no comulga con la realidad de una profesión realmente ortodoxa y sistematizada que aunque resulta apasionante para quien se dedica a este campo de trabajo, está muy lejos de la imagen pública que desde siempre se nos ha ofrecido.

la verdadera tarea de un arqueólogo es la de excavar, rescatar, examinar, investigar y divulgar los yacimientos y monumentos del pasado. Una tarea como digo exhaustiva y sistematizada que requiere un proceso laborioso en el cual deben seguirse todas las reglas del método científico y que debe contar con todos los permisos legales requeridos para ser realizado.

Saltarse alguno de esos pasos es actuar no necesariamente de forma ilegal pero sí de forma extracientífica. Aquí se puede trabajar de dos formas, como aficionado y como expoliador.

Hay severas diferencias entre una actitud y otra, pues mientras que el arqueólogo aficionado se limita a rastrear las afueras de su lugar de origen o del núcleo urbano donde temporalmente reside para buscar huellas u objetos antiguos o que quepa  la posibilidad de tener alguna antigüedad, sin ánimo de lucro ni de posesión indebida de las piezas rescatadas, el expoliador por el contrario busca su provecho económico personal (nada altruista por cierto) ya que las reliquias del pasado pueden tener un valor tremendamente alto en el mercado negro.

El aficionado, pese a actuar fuera de la norma, sí tiene valores que le acercan más al científico que al delincuente. El aficionado, por lo general busca objetos y construcciones antiguas para saciar de algún modo su sed digamos aventurera y si alguna vez encuentra algo suele advertir a las autoridades locales del lugar donde se encuentre su presencia, si el hallazgo pudiera tener algún valor histórico o cultural, más que apropiarse de él y conservarlo en su casa.

Y muchas veces la labor del aficionado se ha complementado con la del arqueólogo profesional, pues a menudo ha ocurrido que han sido aficionados y amantes de esta disciplina quienes han realizado descubrimientos sobresalientes que han ayudado a entender la historia antigua y la prehistoria de ciertas regiones de nuestro planeta, y en el caso particular de España, también de nuestro país.

Por lo tanto, pese a ser una disciplina estrictamente científica, a veces el lado menos “académico” de la arqueología ha conseguido revitalizar  y aportar nuevos campos de estudio que ayudan sin duda a revitalizarla y mantenerla “joven y renovada”.

Siempre que estos esfuerzos se hagan dentro de los márgenes legales, por supuesto.

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